La gata y la luna

La gata mira a su luna,

con ojos muy tristes,

con mucha ternura.

 

La gata camina despacio,

siguiendo a su luna,

buscando su abrazo.

 

La gata maúlla despierta,

su luna la mira,

su brillo la alienta.

 

La gata desea tocarla,

la luna está lejos,

no alcanza a besarla.

 

La gata le pide un deseo,

la luna la escucha,

atenta, en silencio.

 

La gata se sienta elegante,

la luna desciende

buscando a su amante.

 

La gata contempla su luna,

su brillo la ciega,

su fuerza la abruma.

 

La gata espera muy quieta,

la luna la envuelve,

la abraza, la besa.

 

La gata y la luna se funden,

el tiempo se para,

la noche las cubre.

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Científica y Todoterreno

El humano de a pie suele nacer con una tendencia profesional marcada o modelada por distintos factores. Algunos procuran reorientar sus instintos vocacionales hacia profesiones rentables, socialmente valoradas, o denominadas comúnmente “carreras útiles”. Otros escuchan en su interior una voz que clama salir en busca de nuevas experiencias lejos de los cánones. Sin ningún tipo de dudas, una humilde serviora pertenece a este segundo grupo.

Mis maravillosos progenitores me inculcaron siempre que estudiase lo que más me gustase animándome a explorar el mundo de la vocación. Cuando mis líneas mentales comenzaron a trazar un camino definido, una fuerza sobrenatural me llevó a embarcarme en el mundo más pequeño que existe en el universo de los mundos: la célula humana. Mis ojos se abrieron de golpe y me lancé a conocer todos los secretos del mundo microscópico.

Durante mis años de formación tuve que responder a muchas preguntas de mi entorno, pero había una que me resultaba especialmente chocante: “¿biología?, ¿para qué sirve?”. Es la pregunta esencial para los que se obligan a formar parte del primer grupo, la pregunta más absurda para los que formamos el segundo grupo, ¿tienen las cosas que servir siempre para algo?. Mi vocación era más fuerte que todas las muecas de extrañeza que observé en muchos de los rostros que se interesaban por mi brillante futuro.

Seis años de formación universitaria, de buceo en las estructuras más minúsculas que jamás había imaginado y que permitían el más mayúsculo fenómeno de la existencia: la vida. Seis años de risas, nervios, y muchos folios que copiar en los archivos cerebrales, y aún así no tuve suficiente. La única salida que descubrí que se ajustaba a la voz de mi interior era iniciar carrera científica para ampliar los libros del saber de todo el mundo.

El destino trazó el siguiente paso sin buscarlo. La joven licenciada iniciaba su viaje en la ciencia en el mejor laboratorio que podía soñar, un lugar lleno de ilusiones y proyectos que tirar hacia adelante. El jardín del Edén científico no tardó en mostrar sus sombras. La desconfianza, la ambición encubierta de humildad, y la esclavitud de un sistema que asfixia a sus jóvenes brotes alimentándose de su ilusión dejaron su huella. Por suerte, o por desgracia, conté con las armas más poderosas que se pueden tener: la perseverancia y la paciencia.

Tras nueve años y cuatro meses en aquella habitación y sus colindantes volé libre como los pájaros en una mañana de primavera. Salí con una tesis bajo el brazo y una gran amiga para el resto de mis días. Allí quedaron mi vocación, mi ilusión, y una brillante carrera en las fauces de un lobo feroz.

Una científica es como una top model. Empiezas tu carrera con la mirada puesta en el futuro, con la cabeza llena de ilusiones y con el cuerpo listo para hacer todos los esfuerzos que requiera tu vocación. Cuando cruzas el umbral descubres que ese mundo no es de color de rosa, que las bestias se esconden en cualquier esquina listas para devorarte. Eso te hace fuerte porque comprendes que tu carrera es corta y debes exprimirla como una naranja para hacer el mejor zumo de tu vida.

Cuando has cumplido los treinta, el sistema ya no te quiere. Después de formarte no saben qué hacer contigo porque estás demasiado preparada y no quieren pagarte lo que mereces, así que te ignoran invitándote así a terminar tus días profesionales para dejar paso a frutas verdes dispuestas a dejarse esclavizar por sus ilusiones, como tú lo hiciste antes.

Un día estás en la cola del paro pensando que para ese sistema que alimentó tu vocación eres un número que ha pasado de los treinta sin haber trabajado nunca. ¿Y las veces que has visto amanecer y anochecer en aquel edificio sin que el reloj hubiese dado todavía una vuelta completa?, ¿tantos fines de semana que sacrificaste para que el país estuviese en la vanguardia de la investigación?, ese esfuerzo no lo mide un sistema que se alimenta de tus sacrificios y tu vocación y encima se atreve a acusarte de no haber trabajado. Mientras esperas tu turno revisando tus papeles, recuerdas a las grandes top model que también se retiraron a tu edad habiendo invertido toda su juventud en una profesión que ahora las consideraba pasadas de moda.

Después, cobras tu primer mes de paro gracias a aquellos últimos meses de tu carrera en los que el sistema pensó que te aseguraría para que vivieses emociones fuertes antes de darte la patada. Cuando ves esa cifra en tu libreta  de ahorros el sol brilla en tu horizonte más de lo que lo ha hecho en toda tu vida. Descubres que tu profesión te ha formado en muchos más aspectos de los que imaginabas y que ahora los puedes utilizar para construir tu nuevo camino. Comprendes que ahora dominas la informática, hablas inglés como si lo hubieses oído desde la cuna, y que no puedes encontrarte a nadie más imbécil que tu ex-jefe. Mientras saboreas la dulzura del prefijo ex, miras tu futuro con más ilusión que nunca deleitándote con todas las opciones que se abren ante tí. Eres una todoterreno que puede hacer todo lo que se proponga.

Ese es el momento en que tus ilusiones de niña despiertan y recuerdas que una vez soñaste con ser escritora. Tu verdadera vocación se hace visible frente a tí y haces del arte tu forma de vida. Entonces descubres que tu vocación universitaria fue la herramienta que necesitaste para creer en tí misma y vivir tu verdadero sueño. Das las gracias porque todas las carreteras secundarias te han llevado hasta el punto en el que te encuentras y te fascina la idea de que se sigan bifurcando hasta el fín de tus días. Ese es el momento en que no te importa no tener mapa porque sientes que es el primer día del resto de tu vida.

Si se tuviese que extraer una moraleja de todas estas ideas puestas por fín en su sitio, sería algo parecido a que cuando escuchas tu voz interior siempre llegas al lugar en el que tienes que estar porque cada paso te acerca más a tu esencia y, aunque tengas que dar tantas vueltas como minutos tiene el día, finalmente vives la vida plenamente.

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Impermanencia

Ahora que ya estaba acostumbrada al space antiguo, por cutre que fuera (alguien que escribe a mano no necesita más), los de Windows deciden modernizarse y me obligan a mudarme aqui. Formato nuevo, más completo, y más difícil por ende. A ver si en los próximos tiempos me aclaro y puedo organizar esto, y sobretodo personalizarlo, que así está muy soso. Rescaté fotos, alpargatas, y cosas varias, poco a poco las recuperaré!. Y seguro que es para hacernos la vida más agradable………..bienvenidos a wordpress y sus espeises……..

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¡Hola mundo!

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Con un NO debajo del brazo

"NO cojas el león que se caerá al suelo. NO des con los pies en el cristal o el señor se enfadará. NO, la mama NO puede venir a cogerte porque está vigilando el carro. NO, NO puedes bajar al suelo que el autobús se mueve y te caerás. NO muerdas la botella que se romperá y te mojarás, ¿ves?, ¡ya se ha roto!, ¡cómo te has puesto!, NO vas a beber más, deja la botella". NO, adverbio de efectos negativos para la acción o hecho propuestos en la pregunta precedente. Palabra de dos letras y mil consecuencias. El NO entra por los cinco sentidos haciéndose dueño de todos los rincones del ser. Anida en el cerebro produciendo un trastorno vitalicio que impide la libertad y el autodesarrollo. El NO guarda sus semillas de destrucción en el corazón del infectado haciéndolas brotar cada vez que la esperanza cruza por la vida. Cuando una de estas semillas florece la onda del desánimo sube hacia el cerebro con fuerza renovada despertando las alarmas del Capitán NO que con pericia apartará al infectado de su sueño alejándole de la alegría de seguir su destino. Antaño los niños venían con un pan debajo del brazo. Esperanza, ayuda y sobretodo vida. ¿Cuándo el pan mutó a NO?. En la era del progreso tecnológico y el retraso emocional se programó a los recién venidos con la trinidad de la precaución, el peligro, y el miedo. El pan se fue desmigando con lentitud cediendo el juego de vivir al recuerdo y al olvido. El NO toma fuerza día a día atontando a la sociedad del futuro con la pérdida de tiempo y el desprecio de oportunidades. Los jóvenes de hoy creen que sus derechos no se respaldan por el esfuerzo y el compromiso. La era de la manga ancha y la poca vergüenza está ahora avanzando lentamente. ¿Qué ocurrirá cuando las generaciones del NO tomen las riendas del futuro?, niños hiperprotegidos que enferman por el exceso de esterilización hogareña, la era de los blandengues sin metas, la fusión entre el NO temeroso de antaño ausente de las ansias de explorar y la falta de responsabilidad de estos días. Cierro los ojos y solo veo oscuridad. Positivemos nuestras vidas a ver si conseguimos que la onda se expanda cubriendo el mundo entero. SI, con mayúsculas y letras de neón, SI a la vida y a la esperanza.
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Para Bond, Daniel Bond

Me bastó un instante para quedar prendada de todo tu ser. La luz de tus cabellos te hacía resplandecer como un ángel caido entre los mortales. Tu  mirada transparente y profunda me hipnotizó envolviendo el latido de mi corazón al ritmo de tu masculino caminar. Eres único. Tu presencia arrolladora hace temblar mis cimientos. Me transporta a un sueño casi olvidado en el que tus labios se funden con los míos para inundar mi realidad de sentir desinhibido. Casi me avergënzo de las ideas que cruzan mi mente cuando busco el latido de tu ser alrededor de tu cuello, cuando dibujo tu silueta con mi tímida mirada buscando la esencia de tu masculinidad. Me haces sentir viva, fuerte y vibrante. Me entregaría a toda una vida entre tus brazos si el amable destino que nos dicta el caminar así lo dispusiera.
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Por amor a Benicio

En contadas ocasiones el ser humano goza de una visión tan rotundamente armónica. El devenir cotidiano es un desfile de entidades comunes dotadas de pequeñas gracias que a menudo pasan desapercibidas al ojo poco observador. Altos sin otra gracia que su alta altura, musculosos sin más don que sus formadas fibras, miradas dulces, labios sensuales, cabellos ensortijados, cuellos poderosos, rasgos repartidos por la sociedad masculina que brillan por separado en individuos distintos. Y qué decir del interior, tema arduo y de desmesuradas y crecientes complicaciones que no será mentado en un análisis superficial de la carrocería del género de Apolo, como es este que aquí se registra. La naturaleza tiende al caos, reparte las virtudes masculinas en un número igual de individuos para preservar el corazón de las féminas del impacto que causaría una hipotética conjunción de virtudes en un único varón. Pero la naturaleza tiene sus caprichos.

Un buen día, la naturaleza se propuso poner a prueba el corazón de la mujer. Del amor nació un varón que fue alimentado con esmero. Con tanto esmero fue criado que en la edad adulta se había convertido en un flamante hombretón, un ejemplar único en su especie, fuente de testosterona en estado puro, sin conservantes no colorantes, distinto a los machitos de mediocre futuro que recurren a la artificialidad para redondear la obra que la naturaleza ha dejado a medio cocer.

Benicio es un hombre, un hombre de los de verdad, como aquellos príncipes de cuento de hadas que todas hemos soñado que alguna vez nos rescatarían de nuestro torreón, como aquellos príncipes pero con menos peluquería y más bravura. Benicio es un coloso de caminar lento y majestuosa planta, el último rey en un mundo donde crece el hermafroditismo. ¿Cómo puede una mente equilibrada mirar a un ser y dudar si aquello que tiene ante sí pertenece al género de Eva o al de Adán?, no es sana una duda tal. La liberación sexual nos está llevando al caos del descontento y de las formas. ¿Dónde quedó el hombre?.

Benicio lleva la palabra hombre gravada en el rostro, en cada surco, en sus cejas, en sus ojos juguetones y su mirada transparente, en su cabellera revuelta, en sus cansinos hombros, en su imponente altura, en sus fuertes piernas, en su ancha espalda, en sus sugerentes lomos, y en ese cuello exquisitamente masculino que grita a la fémina discreta invitándola a dar rienda suelta al animal de pasiones que duerme en su interior.

Benicio es un hombre, un hombre con mayúsculas. Su meloso acento nos transporta a un lugar paradisíaco en el que sólo existe él, donde la brisa nos trae su aroma y sus palabras nos envuelven en una espiral de divina pasión entregada. Benicio es el hombre que buscamos en cada rincón de la ciudad, en cada calle, en cada bar, en cada esquina, es aquel que nos visita en sueños para nublar nuestros sentidos. Benicio es la esperanza, la luz en la oscuridad del descontento del amor pues el hombre de verdad existe, porque Benicio es real, vive, respira, come y duerme, es un dios encarnado en un cuerpo mortal para demostrarnos que la armonía masculina puede alcanzarse, masculinidad animal y ternura en un envase de lujo edición limitada. ¡Viva Benicio!.

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